El agua es un nutriente importante en la alimentación animal, ya que tiene una incidencia directa en los ciclos biológicos y es determinante para mantener las constantes fisiológicas adecuadas.

Sirve como vehículo de nutrientes y juega un papel importante en la regulación de la temperatura corporal. Por otro lado, no hay que olvidar que puede ser un importante vector de transmisión de microorganismos patógenos, por lo que su control en la explotación es fundamental.

Aunque no exista legislación específica para el agua de bebida, en las normativas que afectan a la producción ganadera se hace mención a los requisitos obligatorios que debe cumplir:

  • La explotación debe tener un sistema de abastecimiento de agua limpia. Concretamente, los valores de los microorganismos deben hallarse dentro de los límites legales establecidos en el Real Decreto 140/2003, de 7 de febrero, por el que se establecen los criterios sanitarios de la calidad del agua para consumo humano.
  • Los equipos para el suministro de agua deben ubicarse de manera que el riesgo de contaminación del agua se reduzca al mínimo.
  • Todos los animales deben tener un acceso fácil y directo al agua.

Para cumplir los requisitos mencionados, es aconsejable seguir las siguientes prácticas de higiene:

  • Limpiar los abrevaderos con regularidad y mantenerlos en buenas condiciones de higiene.
  • Evitar que el agua se mezcle con las deyecciones de los animales.
  • Si se tienen depósitos acumuladores de agua, atender su mantenimiento y limpiarlos como mínimo una vez al año. Además, deberán estar tapados permanentemente.
  • Si el agua no procede de la red pública, realizar periódicamente analíticas de agua y verificar que el agua de bebida no está contaminada.